29. AMANECER

Antes que las primeras luces del amanecer
hieran de muerte las sombras de la noche,
mis ojos miran cómo tu figura se adentra
en el horizonte envuelto en brumas.

Desde la distancia que no tiene fin
las estrellas se irán retirando calladas
a medida que la quieta mañana avance
sobre la ciudad que se despereza.

Es el eco de tus pasos, almohada de silencios
que poco a poco se va perdiendo
en la marejada del océano inmenso
cubierto por incesante lluvia de hojas muertas.

Abrigo de lenta y hermosa aurora
te quiere envolver una vez más
y cubrir tu rostro de dulces besos
que se adentren en tu corazón.

Serán compañeras de mi soledad
las horas que el reloj va marcando,
desgranando en su recorrido una a una
el pesado lastre del tiempo que no pasa.

Y cuando el sol concluya su camino,
en el vértice de la noche y el día,
las luces de la tarde naciente
te regresarán por el mismo sendero.

A Carolina, con todo cariño.

Madrid, 6 de diciembre de 2011

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